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Nadine Gordimer and her eternal spring

by Ricardo Alarcón de Quesada
July 14, 2014
Reprinted from Antiterroristas
Translation by freethefive.org

As a child, Nadine Gordimer discovered literature in the library of Springs, a small mining town in what was then the Transvaal, where she was born to a family of Jewish immigrants. At 15 years old, she published her first narration, the beginning of a career that included 15 novels and 10 books of stories, and other texts, receiving the Nobel Prize in Literature in 1991. In granting it the Nobel Committee recognized the "epic magnificence" of her work. Nobody knew as well as she did how to describe the reality of Apartheid and its human conflicts, but she did it in the true artistic style of one of the greatest writers of this epoch.

Hers was a work committed to the freedom of her people and solidarity. Her literary talent inspired the struggle against racism throughout the world. Three of her books and her anthology of South African black poets were prohibited by the Pretoria regime, which she courageously opposed as a lifelong member of the African National Congress (ANC), for which she worked actively, carrying out the most diverse, and many times risky, tasks in the clandestine resistance. She was one of the first persons whom Nelson Mandela asked to meet when he was released from his long imprisonment in 1990.

She was also a loyal friend of Cuba. She never stopped condemning the blockade and U.S. hostility but, above all, she maintained always a consistent, efficient and resolute struggle for the freedom of the Cuban Five antiterrorists.

She succeeded in getting the New York Times to publish a statement in 2007 denouncing the injustice committed against our brothers. In 2009 she signed with other Nobel recipients a petition to the U.S. Supreme Court, urging it to review the case. In 2010 she wrote a thorough, lucid and irrefutable argument about this case.

Each time that we conversed in Johannesburg or in Havana, or at distance, she only asked what more she could do for a cause she made her own and to which she dedicated all the love she was capable of giving.

It is difficult to say good-bye to someone whom the Irish poet Seamus Heaney called "guerrilla of the imagination." Because Nadine will forever be the spring.

     
Nadine Gordimer y su eterna primavera

por Ricardo Alarcón de Quesada
14 de julio de 2014
Tomado de Antiterroristas

Desde niña, Nadine Gordimer descubrió la literatura en la biblioteca de Springs, pequeña localidad minera en lo que entonces era el Transvaal, donde nació, en una familia de inmigrantes judíos. A los quince años publicó su primera narración, inicio de una carrera que incluyó quince novelas y diez libros de relatos, y otros textos, merecedora del Premio Nobel de Literatura en 1991. Al otorgárselo el Comité adjudicador reconoció la "grandiosa épica" de su obra. Nadie supo como ella dar a conocer la realidad del Apartheid y sus conflictos humanos, pero lo hizo con arte verdadero, con el estilo de una de las mayores escritoras de esta época.

La suya fue una obra comprometida con la libertad de su pueblo y la solidaridad. Su genio literario inspiró la lucha contra el racismo en todo el mundo. Tres de sus libros y su antología de poetas negros sudafricanos fueron prohibidos por el régimen de Pretoria, al que se opuso valerosamente como militante de toda la vida del Congreso Nacional Africano (ANC) para el que trabajó activamente cumpliendo las más diversas, y muchas veces riesgosas, tareas en la resistencia clandestina. Ella fue una de las primeras personas que Nelson Mandela pidió encontrar cuando salió de su larga prisión en 1990.

Fue también una leal amiga de Cuba. Nunca dejó de condenar el bloqueo y la hostilidad norteamericana pero, sobre todo, mantuvo siempre una consecuente, eficaz y resuelta brega por la liberación de los Cinco cubanos antiterroristas.

Logró que el New York Times le publicase una declaración en 2007 denunciando la injusticia cometida con nuestros hermanos. En 2009 suscribió con otros Premios Nobel una petición a la Corte Suprema de Estados Unidos instándola a revisar el caso. Escribió en 2010 una abarcadora, lúcida, insuperable, argumentación sobre este caso. Cada vez que conversamos en Johannesburgo o en La Habana, o a la distancia, sólo preguntaba qué más podía hacer por una causa que hizo suya y a la que dedicó todo el amor que fue capaz de dar.

Es difícil decir adiós a quien el poeta irlandés Seamus Heaney llamó "guerrillera de la imaginación". Porque Nadine será siempre la primavera.

 

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